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miércoles, 18 de agosto de 2010

Pateando Colonia

Giorgio nos dejó en la estación del “tram” en Colonia, y mochila en mano, nos embarcamos hacia Köln-Nippes, nombre del barrio de Michael, nuestro anfitrión en Colonia (que estaba durante el fin de semana en un casamiento en su pueblo).

Eran más de las 8 de la noche y teníamos que hacer tiempo hasta las 10 para que llegara una de las “room mates” de Michael a abrirnos la puerta. No había nadie y todo estaba cerrado, pero andando un poco encontramos un restaurant griego. Como la mayoría de los lugares, tenía un shawarma y varias opciones de menú en base a eso. Lo atendía una pareja de gente grande, griegos obviamente. No hablaban una gota de inglés, ni nosotros de griego o alemán. El pedido fue a dedo, mechando las pocas palabras que sabíamos. Nosotros comimos muy bien, y ellos se cagaron de la risa.

Juntamos fuerzas para irnos. Hicimos campamento en la puerta de Medweg 12, y al rato apareció Romir con una sonrisa enorme y los brazos abiertos. Se excusó diciendo que no hablaba inglés, y no mentía, pero lo compensó con la simpatía. Subimos, nos mostró nuestro cuarto (el de Michael), y no la volvimos a ver.

Colonia resultó ser más linda de lo que esperábamos. Colognia Agrippina fue ciudad romana, por lo que hay algunos vestigios de torres, murallones y portales de ingreso de aquel tiempo. Paralelamente, es hoy una ciudad de estudiantes, por lo que hay mucha gente joven y de otros pueblos de Alemania, lo que le da una vida especial. La principal atracción es su Catedral gótica que se empezó a construir a mediados del 1200 y se terminó a fines del 1800. Es el centro de todo “lo importante” y alrededor no se puede construir nada que la supere en altura (se ve desde bastante lejos). Es el símbolo y orgullo de Colonia. Sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial, cuando toda la ciudad fue destruida, pero se la conservó porque servía de guía a los pilotos de avion. Tiene dos torres enormes y se puede subir a una de ellas. Dejamos los pulmones en los más de 500 escalones en caracol, pero valió la pena. Una vista espectacular de la ciudad en un día completamente soleado. Anduvimos todo el día, caminamos la ciudad antigua, nos tomamos una cerveza frente al Rhin y volvimos caminando a casa.
En el camino, Vulqui tuvo que trabajar. Una mujer chocó con su bicicleta, salió despedida y quedó sangrando e inconsciente en el piso. Así que el Mono Doctor, respetando su juramento hipocrático, corrió a atenderla. Por suerte, la mujer recupero la conciencia en segundos, sólo iba a necesitar algunos puntos y una tomografía, aunque ella estaba bastante shokeada. Pocos minutos después, llegó la ambulancia y nosotros seguimos nuestro camino con una anécdota para contar.

En la casa nos encontramos con Paul, el otro compañero de departamento de Michael. Resultó tan simpático que nos quedamos cenando y hablando con él casi 4 horas. Tanta onda pegamos con Paul, que lo convertimos en un fan del mate! A la mañana siguiente desayunamos con él y se tomó unos cuantos. Un grande.

El segundo día en Colonia fue pasado por agua, pero nos arreglamos con un paraguas y medio, para ir al museo Ludwig de arte moderno. Muy bueno! Muestra de Roy Lichtenstein bastante interesante y sobre todo, un edificio con muy buenas vistas de la ciudad.

A la noche, finalmente nos encontramos con Michael. Nos llevó a la otra parte de su barrio y descubrimos unos lugares de comida turca super abundante y muy barato.

La lluvia nos dio tregua el último día. Estuvo nublado, pero eso nos dejó recorrer el cinturón verde de la ciudad, el parque de las esculturas y la otra orilla del Rhin. Y después de andar toda la tarde, tuvimos nuestro último encuentro con Michael. Pateamos un poco más el centro, nos tomamos unas cervezas frente al rio (incluyendo brindis inesperado por el reciente titulo de tio de Michael) y nos llevó a comer el típico currywurst al único punto de la ciudad que no habíamos conocido. El lugar, tipo fastfood de estos chorizos, tenía una clasificación de las salsas según el grado de picante. Iba del 1 al 5, y decidimos ir al 3. Vicky se bajó al 2 en el camino. Ahora, si existía el 5, era porque alguien lo comía, por lo que los chicos decidieron hacer la prueba. No fue buena idea… estuvieron un buen rato en llamas, con la lengua ardida y transpirando como locos.
Previa cerveza en un bar del camino, nos despedimos de Michael. Colonia había estado muy bueno, pero ahora llegaba Amsterdam!

1 comentario:

  1. Morsa, realmente llegué a imaginar miles de cosas con lo que contaste! Es hermoso el viaje q están haciendo, que bueno q estén conociendo tanta gente copada y... aflojen con tanta cerve! jajajja un paso, una cerveza fría.. otro paso, algunas cervezas.. jajajjj

    Te quiero!!

    tA!

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